Y todavía le piden perdón.

Hoy recordamos 46 años del derrocamiento del Presidente Arturo Illia. No fue un golpe más de los tantos que enlutaron a nuestra República desde 1930 hasta 1983: fue el derrocamiento militar con el silencio cómplice de vastos sectores sociales que abrió las puertas al horror de la represión, la persecución, el exilio que luego veríamos repetirse, agravados, en la dictadura iniciada en 1976.

Los poderosos que históricamente combatieron la causa popular tenían motivos para derrocar a Illia. No era solamente su decencia lo que lo hacia grande: era su coraje para tomar decisiones como la anulación de los contratos petroleros o la ley de medicamentos.

El día que lo echaron (y se volvió en taxi, tan humilde como había llegado) celebraron muchos dirigentes que se reivindicaban como parte del campo popular pero que nunca habían entendido a ese Presidente austero, paternal, que entre otras cosas le había consagrado a los trabajadores el salario mínimo, vital y móvil; y a la educación, los presupuestos más altos de la historia.

Unos y otros, después, le pidieron perdón. Ese 28 de junio de 1966, Illia salia de la Casa Rosada para entrar en el corazón de todo el pueblo: con su derrocamiento perdíamos una de nuestras últimas ilusiones, y abríamos la puerta del infierno que recién cerramos en 1983.

Un viejo afiche conmemorativo de su figura decía: “En su espejo no pueden mirarse los mediocres”. Gracias Presidente Illia por su trayectoria de decencia y entrega, por ser uno de los faros que ilumina el camino del pueblo radical y por enseñarnos a los argentinos todos que hay una autoridad mayor que la de la fuerza y es la autoridad del ejemplo, la que demuestra, como nos legara Crisólogo Larralde, que “en el desprecio de todo poder está el verdadero poder”.

Ante una derrota segura, Moreau impidió que los radicales voten

Nuestro propósito permanente fue alcanzar la unidad partidaria. Hicimos todo lo posible por llegar a ese objetivo y tropezamos con la negativa de quienes hoy impiden que los radicales votemos.

Frente a la seguridad de la derrota electoral, el grupo liderado por Leopoldo Moreau acudió a la Justicia e impidió la realización del comicio.

Habíamos anticipado que ese grupo contaba con el apoyo del gobierno, y tenemos la clara sensación de que la Justicia electoral fue presionada para adoptar la resolución que ha dictado -24 horas antes del comicio- que nos deja en estado de indefensión .

Los padrones impugnados son los mismos utilizados en la elección interna del 6 de junio de 2010, validados oportunamente por ese juzgado. La utilización de esos padrones fue decidida por la mesa del Comité de la Provincia de Buenos Aires con acuerdo de los representantes de la lista liderada por Moreau.

Haremos todo lo necesario para impedir que el gobierno se apropie de la vida interna de la Unión Cívica Radical y desde ya convocamos a los afiliados a defender el Partido.

 

Lista 27 . Alejandro Armendáriz, Gustavo Posse, Juan Manuel Casella y Ricardo Alfonsín

 

A los periodistas

“Para ejercer el periodismo, ante todo, hay que ser buenos seres humanos. Las malas personas no pueden ser buenos periodistas.  Si se es una buena persona se puede intentar comprender a los demás, sus intenciones, su fe, sus intereses, sus dificultades, sus tragedias”  (Ryszard Kapuscinski)

El año pasado, en una carta de salutación por el día del periodista, utilicé la cita a Kapuscinski que reproduzco nuevamente hoy. Creo que es un buen consejo para quienes ejercen esa profesión, sobre todo en momentos tan particulares como los que se viven actualmente en la Argentina.

En este día tan especial, les hago llegar muy especialmente un cordial saludo a todos los profesionales de la comunicación, y renuevo mi compromiso ante ustedes en favor de la plena libertad de expresión.

El compromiso y la verdad son las fuerzas que deben dar impulso a quienes, como ustedes, ejercen esta profesión, para poder de ese modo construir un horizonte de mayor calidad en el ejercicio de ciudadanía.

A muchos gobiernos, sobre todo los que la teoría política califica como populistas, la libertad de expresión les preocupa. Porque es la posibilidad de que sea ejercida de modo tal que frustre su afán de ser el constructor hegemónico de la opinión pública. En otras palabras, que desafíe su relato o le dispute la construcción simbólica.

Hoy en la Argentina, a todo el que piensa distinto al gobierno, se lo devalúa o degrada.
Es muy grave que el Estado amenace o cree riesgos para el ejercicio de los derechos. Resulta innecesario que me detenga a explicar las razones que respaldan esta convicción.

En nuestro país, desgraciadamente, sobran los ejemplos de conductas sobre la cuales no puede edificarse la confianza en el compromiso del Gobierno con la libertad de expresión.

La relación entre medios de comunicación y el gobierno; la arbitraria asignación de la publicidad; las dificultades en el acceso a la información; el destrato, cuando no el agravio, que padecen muchos periodistas; el aliento y participación de funcionarios importantes en los “juicios populares” a la prensa; la imprudente violencia verbal utilizada para aludir a ciertos medios, y la forma en la que son utilizados los medios del Estado. Son algunos botones de muestra.

Confío en que, como decía Albert Camus, todos sepamos que la prensa con libertad puede ser buena o mala, pero que la prensa sin libertad siempre es mala. Y tengamos en cuenta que cuando decimos que cuando un gobierno afecta la libertad de prensa, en realidad estamos diciendo que afecta la libertad.

 

Ricardo Alfonsín.