El 23 y 24 de Enero se reunió en San José de Costa Rica el Consejo de la Internacional Socialista. La Presidente costarricense Laura Chinchilla y el ex Presidente y Premio Nobel de la Paz Oscar Arias fueron los anfitriones del encuentro, en el que participamos delegaciones de partidos socialdemocratas, socialistas y laboristas de todo el mundo.
En representación de la Unión Cívica Radical, asisitimos Marcelo Stubrin y yo.

Lo primero que hicimos fue solicitar apoyo a la posición argentina en el sentido de que Inglaterra se someta a la institucionalidad y al derecho internacional para resolver el conflicto planteado por la usurpación de Malvinas.Dado el hecho de que la temática no estaba en el orden del día (elaborado con bastante antelación), presentamos la solicitud por Secretaria a los fines de que se considerara su tratamiento en la próxima reunión de Sudáfrica.
Mas tarde, luego de escuchar y compartir exposiciones sobre los efectos negativos que la aplicación del llamado Consenso de Washington había tenido sobre nuestros ideales de progreso con justicia y equidad, hice algunos comentarios cuando fue el turno de mi intervención en el pleno, que más o menos reproduzco ahora:

1. El llamado Consenso de Washington, de “consenso” tenía poco y nada; que se parecía más a una “imposición”. Esto es mas claro en los países menos avanzados. Se hace necesario, entonces, analizar la expansión de las propuestas neoliberales desde esta perspectiva de la imposición.
2. En este orden de ideas, manifesté que ciertos cambios (tecnológicos, geopolíticos y económicos) que se registraron en los últimos 30 años, deterioraron la capacidad de los estados nacionales (o de la política nacional) como instancia ordenadora de las diversas dimensiones de lo social (la económica en particular).
3. Que la política nacional o los Estados Nacionales hayan perdido margen de maniobra a la hora de definir aspectos centrales de la organización social implica que la democracia también ha retrocedido. al menos en cuanto ésta significa también un régimen político que -para utilizar una palabra horrible pero de uso extendido – se propone un creciente “empoderamiento” político de los ciudadanos.
4. La globalización económica hace que los Estados Nacionales vean limitadas sus capacidad para ordenar el funcionamiento de la economía en sus propios territorios: en los tiempos en los que las actividades económicas funcionaban básicamente en los mercados nacionales, los Estados tenían mas posibilidades de ordenarla (entre otras cosas, para imponer regímenes fiscales, laborales, medioambientales, etc.) Hoy ocurre con frecuencia que si a una empresa no le gustan las exigencias fiscales, laborales o medioambientales de un país, no tiene demasiados inconvenientes para hacer las valijas y radicarse en otro que, necesitado inversiones, establece condiciones mas favorables (que satisfagan mejor la lógica de “la mayor ganancia con el menor costo”).
5. La revolución tecnológica, además de facilitar la globalización económica, impacta sobre el mundo del trabajo. La automatización de la producción limita el acceso al trabajo, afectando la fuerza de las organizaciones de los trabajadores y debilita también la acción de los Estados nacionales como articuladores de las tensiones entre capital y trabajo.
6. El fin de la guerra fría a su vez (fracaso del “socialismo real”), generó las condiciones para que el capitalismo, sin competencia ideológica, empezara a desandar el camino que había recorrido para suavizar sus aspectos mas duros. La inexistencia de la amenaza “socialista” hizo menos permeable al capitalismo respecto de la exigencias de los Estados. Con la caída del muro de Berlín, dice un intelectual contemporáneo, cayó también el muro que contenía las principales abusos del capitalismo.
7. En suma, combinados, estos tres fenómenos han tenido un impacto negativo sobre el margen acción de la política local. Los mercados y el capital han ido incrementando su capacidad de veto de las decisiones políticas locales. Esto no quiere decir que los Estados nacionales no posean poder, sino que han perdido parte del poder que les sirvió para arrancarles conquistas sociales al capitalismo. Y que esto se expresa en términos de retroceso u obstáculos para alcanzar otros logros.
8. Los Estados mas avanzados y los que mas poder poseen en los organismos internacionales, se han visto beneficiados por este perdida de relevancia de la política local.
9. La respuesta que tenemos que dar no es la desglobalización, ni el retroceso ni el freno al progreso científico tecnológico, ni el regreso a los tiempos de la guerra fría. Que ello no sólo es improbable sino, además, inconveniente.
10. La globalización, la revolución tecnológica y el fin de la guerra fría pueden y deben ser factores que operen a favor de la construcción de un mundo mucho mas justo que el anterior. No se trata de volver al pasado. Hacerlo, como decía Ortega y Gasset, seria la mejor manera de repetir en el futuro el presente que deseamos cambiar.
11. Es difícil que una reversión de esta situación de debilidad de la capacidad de acción de los Estados Nacionales venga por el lado de la política local o nacional: debemos lograr ciertos niveles de mundialización de la política o la regulación económica. Se hace necesario, entonces, repensar la institucionalidad internacional.
12. La Internacional Socialista y los partidos que la componen debemos darnos un debate sobre estos aspectos y pensar en la reformulación de algunas cuestiones de la institucionalidad internacional. De la misma forma que esto se plantea con relación al crimen internacional o al medio ambiente. Soy consiente de las dificultades enormes que el desafío representa en términos prácticos, de las contradicciones entre los estados, así como hacia adentro de ellos, pero que debíamos encarar esta tarea.
La reconfiguración del orden mundial luego de las crisis ultimas puede ser una oportunidad propicia para afrontar este debate.
